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Heidegger nos hace la siguiente puntualización, “las esencias son substancias con sus accidentes”.

¿Cómo explicar desde la perspectiva del género la substancialidad de ser mujer y el no ser mujer (ser hombre)?, el no ser mujer es pues un accidente respecto a la verdadera substancialidad del ser mujer y realmente el “accidente” natural es que hace al sujeto nacer no mujer.

La substancia es el sujeto, lo que permanece, el accidente es el predicado, todo enunciado así como todo individuo es un sujeto mas su predicado (accidentes), retomamos el concepto de “acontecimiento” aquí como accidente que esencializa la substancia, es decir, el sujeto;

Ejemplo: sujeto + acontecimiento = sujeto + predicados (accidentes reiterados. preformativos) =individuo performado = performatividad primigenia del género.

Ahora bien, replanteemos el “acontecimiento” como un acto espacio/temporal que marca al sujeto por la iterabilidad del suceso y así lo performa como individuo.

Si loa “acontecimientos” son los accidentes que junto con la substancia, entendida como fondo básico y elemental de los sujetos, conforman la esencia ¿Cómo explicar la esencialidad de ser mujer o ser no mujer? Nos encontramos con el primer dilema puesto que no definimos anteriormente el “acontecimiento” performativizador como un accidente (suceso ocasional), si no que lo definimos como la reiteración del suceso espacio/temporal.

¿Cómo cabalgar entre dos conceptos “accidente” y “acontecimiento”? siendo tan diferentes pero estando tan íntimamente relacionados con la construcción del género, pues creando una metáfora preformativa o mas bien construyendo un silogismo medianamente valido pero discutible sobre esta teorización.

No olvido que todo este ensayo va dirigido a justificar socialmente el género como algo cambiante, y así poder llegar a una conclusión aproximada lo más posible a la realidad de la positivización y validación de las identidades transgénero.

La primera premisa es que desde la formación del feto todos somos mujeres o por lo menos no hombres.

Otra premisa valida teniendo en cuenta la primera es que el ser no hombre es un accidente.

Entonces concluiremos con una sentencia o afirmación que determine el género natal como algo accidental, siendo de esta manera el primer “acontecimiento” no repetible pero que deja la “huella” suficiente como para que no sea necesario que vuelva a ocurrir. De todos estos pensamientos se puede extractar que el género masculino es un accidente y que realmente lo relega a la categoría sustancial no de hombre, si no de no mujer, hombre = no mujer, la substancialidad del género es femenina en su génesis, desde el principio del proceso reproductivo, lo demás son accidentes (el primero, no repetible) y el resto no.

Más a delante comenzaré a esbozar la teoría de la deconstrucción del género no femenino de los individuos transgéneros.

 

Haizea Caballero Ruiz

 

Definiré el término “acontecimiento” sencillamente como un suceso determinado en el tiempo y el espacio, también haré una primera mención a la “huella” derridiana que los acontecimientos producen y a partir de aquí trataré de construir una base significativa de cómo los acontecimientos y se repetición (iterabilidad) continua o discontinua produce identidades construida y performadas.

El acontecimiento en primer lugar necesita de una consciencia que lo perciba, no para todas estos sucesos adquieren el grado de tal (acontecimiento) puesto que para muchos individuos / sujetos serán solamente actos aislados y no generativos del proceso vital de la “performance” de cada persona, sólo será acontecimiento en la manera en la que se convierta en significante y no significado efímero de un acto, es decir ira más allá del mero acto aislado carente de significante o conjunto de circunstancias espacio temporales. Freud definía esta cuestión como neurosis traumática y yo añado construcción postmorbida o después del suceso.

Los acontecimientos son la suma de un constructo (que es el que constituye en si la producción de un significado) y un acto relacional, que si invertimos la dirección de la creación de esta metáfora preformativa se valida al adquirir también significado es un concepto bidireccional. Es el movimiento dialéctico entre identidad / no identidad lo que origina la “différece” derridiana y da lugar al sumatorio de acontecimientos que acompañarán la construcción psicosocial del sujeto.

Los acontecimientos adquieren significación semiótica la consciencia individual por la repetición continua o discontinua de los mismos, produciendo significantes que elevan el acontecimiento más allá de acto aislado, procurando desde esa consciencia dotarlos de una identidad preformativa especifica para el individuo convirtiendo de esta manera la “différance” entre acto y acontecimiento reiterado en un constructor identitario, pudiendo decir en base a todo esto que las identidades se construyen en base a la suma de varios acontecimientos alo largo de la vida del sujeto que se transitará en individuo performado cuando su identidad esté afianzada y representada socialmente.

El género en base a la construcción identitaria cimentada en ese sumatorio de acontecimientos, el significado de los mismos sólo tendrá validez potencial si está contextualizada, siendo representado en ese mismo momento como si habláramos de la “performance” individual del ya construido (o bien deconstruido) individuo.

 

Haizea Caballero Ruiz

 

Las circunstancias que rodearon la violación y asesinato de Teena Brandon —un hombre aprisionado en el cuepo de una mujer— han logrado unificar los criterios de diversos estudiosos del fenómeno criminal, quienes consideran que los sucesos ocurridos el último día de 1994 en Humboldt, Nebraska, conforman el que quizá sea el peor ataque homofóbico ocurrido en Estados Unidos.

Teena Brandon llegó a Humboldt a finales de 1993 procedente de Lincoln, también en el estado de Nebraska, un lugar de donde venía huyendo, ya que muchos de sus habitantes la despreciaban por ser lesbiana, aunque ella decía que se había operado y que ahora era un transexual. Pero si en Lincoln la joven enfrentó problemas de discriminación sexual, Humboldt no era precisamente una sucursal americana de la ciudad de Ámsterdam, que desde los años sesenta del siglo pasado se ha mantenido a la vanguardia internacional en lo que corresponde a permisividad sexual.

En Humboldt, Teena inmediatamente forjó una relación sentimental con Lisa Lambert; sin embargo, al igual que muchos varones, Teena no era un ejemplo de fidelidad, y no tuvo empacho en ligarse a Lana Tisdel, de 19 años. Lana poseía ese extraño atractivo que seduce a tipos duros, patibularios, hombres de cárcel. Pero ella fue la que más atrajo a Teena Brandon, quien desde un principio trabó amistad con un ex amante y con un amigo de Lana, ambos con antecedentes de estancias en prisión: John Lotter y Tom Nissen, respectivamente, además del novio actual de la chica llamado Phillip DeVine.

En el transcurso de las semanas, la relación con Lisa Lambert fue quedando para mejor ocasión y Teena centró sus intereses en su nueva familia, con la que jugaba cartas y bebía hasta la madrugada. El ambiente que Teena encontró con Lana, John, Tom y Phillip fue el que necesitaba para reafirmar su “hombría”, pues con ellos, además de que bebía alcohol en grandes cantidades, decía groserías y podía fanfarronear con su tema favorito: las mujeres.

Descubrimiento

Teena Renae Brandon nació en Lincoln, Nebraska, el 12 de diciembre de 1972. Sus preferencias se-xuales estuvieron perfectamente definidas desde su infancia. Al ingresar a la high school, hizo a un lado su verdadero nombre y pidió a sus amigos que la llamaran Billy. Su personalidad varonil la reforzó con el cabello corto, ropa de hombre y con la ayuda de cinta adhesiva para aprisionar y ocultar sus senos. Pese a que su madre había aceptado la condición lésbica de Teena, el resto de la familia y la gente que la rodeaba prefería marginarla. Para ella esa distancia era muy conveniente, sobre todo con los varones de la familia, ya que uno de ellos abusó sexualmente de ella siendo niña, un hecho que contribuyó a que uno de los grandes temores de Teena para el resto de la que sería su corta vida fuera la violación.

La entereza que mostró para salir del clóset en una época en que en su pueblote la homosexualidad tenía prácticamente el mismo estatus de un crimen, la valentía con la que enfrentó la verdad de su vida, no la tuvo en otros aspectos de su entorno social, en el que mentía compulsivamente, quizá para lograr una aceptación que buscaba a toda costa y que en el tránsito falsificaba cheques para solventar los gastos que le representaban sus conquistas.

Fue precisamente la falsificación de documentos bancarios el delito que la llevó a una detención el 15 de diciembre de 1994, una consignación que la descubrió literalmente de cuerpo entero frente a las personas que la creían hombre, al ser colocada en la sección de mujeres. Aunque su novia Lana sintió repugnancia, pagó la fianza que permitió a Teena quedar en libertad. Pero la acción también indignó a John Lotter y a Tom Nissen, por lo que decidieron confirmar si “Brandon” —como se hacía llamar su compañero de juergas— era hombre o mujer.

Durante la celebración de la Navidad, la bebida corrió generosamente. En un punto de la noche, John y Tom se levantaron, caminaron hacia “Brandon” y le bajaron los pantalones, exigiendo a Lana que viera que su “novio” era mujer. Pero no fue suficiente. Los individuos empezaron a golpear a “Brandon”, lo arrastraron hacia un auto y lo llevaron hasta la parte posterior de una escuela, donde se turnaron para violarla anal y vaginalmente, una agresión que envió a la joven al hospital.

El sheriff encargado del caso nunca encerró a los agresores, estuvo más preocupado en conocer los pormenores de la sexualidad de Teena Brandon, que en resolver jurídicamente la situación. Para evitar ser detenidos, Tom y John esperaron a que Teena dejara el hospital para poner punto final a ese engorroso asunto.

El 31 de diciembre, Tom y John fueron a buscar a Teena a la casa de Lana, pero la madre de ésta les dijo que la joven se había mudado temporalmente a la casa de Lisa Lambert. Horas después, la policía encontró los cuerpos acribillados de , Philip Devine y Lisa Lambert, esta última fue asesinada frente a su hijo de ocho meses de edad.

En 1995 Tom Nissen evadió la pena de muerte al culpar a Lotter de los tres asesinatos. Pero no fue la acusación de su ex compañero la que colocó a John Lotter en el corredor de la muerte. Fueron sus huellas dactilares en diversos artefactos —incluida la pistola—, las que finalmente condenaron a John Lotter, un hombre cuya cultura homofóbica lo convirtió en verdugo de una chica que no pudo cumplir su sueño de transexualidad.

Las mujeres trans que ya surgimos y salimos en primera fila visibilizándonos desde hace tiempo, partimos de la educación de corte tradicional, y es banal indicar que la apuesta no fue fácil.

La sociedad tal y como la vemos, y sin que creamos que cometemos un craso error de análisis y concepto, es patriarcal, conservadora y limitadora de “todo lo diferente”. Esta nuestra sociedad no asume lo que tú deseas si ello no entra en el constreñido abanico de oportunidades deseables que se te ofrece. Y esto se hace más patente cuando aparte de desear, quiebras alguna tautología, como es en nuestro caso las trans, pues somos la interrogación del binomio hombre/mujer. Somos la definición del continuum, en la consideración que cada persona se definirá atendiendo a muchos parámetros, en los que entrará ser mujer o ser hombre, pero que gráficamente daría un continuum, un conjunto increíble de ser mujeres y de ser hombres construidos con esfuerzo pero con la determinación de una necesidad que nos obliga a hacerlo por algo que nace con nosotras y que deseamos y necesitamos llevar a fin.

Por otra parte, la transexualidad irrumpe en y con estas agencias de socialización, en las estructuras sociales y la concepción de sociedad que se conoce y en gran medida se practica por los individuos , sean estos hetero o homo, en la concepción de sexo y género, somos las trans transgresoras del género. Partimos de aprendizajes anteriores que nos han formado, somos, en fin, la puesta en patente de que el género es un constructo social y cultural, complejo e individual que necesita de apoyos institucionales fundamentales para la inclusión de nuestra figura “desnormativizada” en los patrones sociales normalizados.

Y ya por último, la transexualidad provoca un tambaleo del mantenimiento de mujer hetero y hombre hetero como “normal”, pues algunas de nosotras establecemos que todo es circunstancial en cuanto a la orientación, aun cuando una de ellas (homo o hetero) prevalezca sobre la otra.

El pretendido orden social y educativo ha sido tocado. La interacción educación y transexualidad debe conducir a la mayor potenciación de las libres opciones de cada individuo, generando en base a “sujetos” individuos con lo que conlleva el término, (individualidad, proyección personal e intima de uno mismo sin generalizaciones que nos determinen psicosocialmente), dando por concluidas las taxonomizaciones tradicionales y los axiomas de valor dogmático que nos catalogan en función a una diferenciación física genital exclusivamente, a la identificación de unos atributos sexuales no concluyentes en la determinación de la identidad de género.

La transexualidad tiene un efecto terapéutico a diferentes niveles; social pues las personas no se quedan impasibles ante nuestra existencia, y deben reestructurar los esquemas propios según el conocimiento de lo trans. Pero el efecto terapéutico se debe dar, se está dando poco a poco, en el nivel educativo.

Haizea Caballero.

La sustancialidad de personas como Mar Cambrolle, amen de medirse o percibirla como algo adquirido por ella en su experiencia vivida, afán de lucha y superación, algo que sientes desde el primer minuto que hablas con ella, también dicha sustancialidad o esencia moral en su caso viene otorgada de un modo innato a ella, donde confluyen gnosis, mas que conocimiento, ya que todo en ella es autentica entelequia, verdadera capacidad de absorción de todo aquello que la puede enriquecerla como persona y como ser humano por encima de todo. Su osadía o mejor dicho su ausencia de temor ante nuevos retos se plantea en su persona como algo a lo que retar frente a su entendimiento, llegando así a adoptar o desechar los pensamientos que pueden resultarle útiles para enriquecer mas aun su conocimiento y poder trasladar de esta manera soluciones a los problemas que le plantea la vida día a día en el trabaja asociativo, y por deformación natural lo hace extensible a su ámbito privado, porque es una mujer que emana carisma y dadiva por  los poros, generosa en sentimientos, exigente en sus obligaciones y con una grandísima capacidad de no albergar rencor ni odio hacia nada ni nadie que en un momento pueda herir sus sentimientos, todo esto hace de ella una mujer excepcional.

La personalidad de Mar Cambrolle es difícil de describirla con palabras, bastaría solo una conversación con ella para entender todo aquello que no consigo ni aproximar en este texto con mis letras.

Hace de su condición una teoría repensable y novedosa de la transgresión, en el sentido mas discreto de la palabra, pero no por ello deja de ser una transgresora de la norma por naturaleza, su manera de tratar los problemas, de dirigirse a las personas, de tratar con amigos y enemigos, hace estilo propio de una de las teorías que mejor explican la discusión con la normatividad, hace un uso privado pero evidente de su personal identidad queer, logrando de esta manera cautivar y arrastrar personas, que seduce de una forma invisible pero contundente, de ello da fe su dilatada historia en el asociacionismo GLTB desde que tenia 17 años.

Merece de una vez por todas el reconocimiento que los movimientos por la liberación sexual le deben desde hace muchos años, merece la justa mención entre las personas luchadoras que hoy militan y dirigen las mas importantes asociaciones GLTB, en fin aquí está para que todas nosotras, que tenemos el tremendo orgullo de trabajar a su lado, cerremos filas en torno a ella, y luchemos por un mundo donde las libertades de la personas transexuales sean por fin dejadas de menospreciar y denostar, donde ningún patrón preestablecido de vida coarte nuestra existencia, ni el binomio hombre mujer, masculino femenino, el heteropatriarcado, la norma socrática de vida impuesta por la iglesia, que todo ello no impida el desarrollo de las personas trans como personas completas y con derechos que hasta ahora se nos han negado, aquí está ella, y con ella estamos muchas que no la abandonaremos ante ninguna adversidad.

Animo Mar, no estas sola, nunca lo has estado, y esta que escribe mas que nunca estará siempre a tu lado.

Un beso.

Haizea Caballero.

 

 

El significante de ser mujer como diferenciación de no ser hombre y el de ser hombre es como no ser mujer, es un concepto antropológico de diferenciación entre los sexos o géneros clásicos, aquí vulnera como es lógico la razón del pensamiento construccionista por el cual un sexo biológico o protogenero (entendido como genero “asignado” en el momento de nacer en función a una genitalidad), no necesariamente produce la conformidad entre continente y contenido, desde estas posiciones pierden fuerza los postulados androcentristas al ver amenazados sus principios, no de forma circunstancial si no estructural, es decir, el hombre ve en una mujer construida o tecnomujer un individuo conformado fuera de toda norma clásica del binomio H/M, sintiéndose amenazado puesto que este individuo no puede ofrecerle aquello que él piensa que es la principal función de ésta, la reproducción y la retroalimentación heterocentrista y neoliberal de nutrir mercados con varones fuertes y los hogares con hembras fértiles. Tratan de jerarquizar según opuestos que según ellos se complementan y construyen una categorización fundamentada en la superioridad moral, física, y biológica. En el concreto del sexo – genero ocurre de similar manera, solamente hasta el momento han reconocido dos categorías universales de existencia, es el fundamento del determinismo biologicista. Desde el construccionismo las primeras batallas libradas en el terreno del pensamiento crítico lo libraron las feministas reivindicando la educación, el entorno y las costumbres sociales como definitorias de la construcción del sujeto en individuo-

El constructo social impuesto como generador de sexos es un argumento utilizado por el heterocentrismo para definir los dos supuestos únicos géneros, pero por ello dejan la puerta abierta después del análisis del pensamiento crítico a la aparición de constructos ubicados fuera de los postulados biologicistas.

El heteropatriarcado siempre por conveniencia ha tratado estrechamente con el determinismo biologicista, conduciendo la construcción de los sujetos para generar los individuos que ellos desean o necesitan, proyectando una imagen del individuo mejor dicho aun haciendo que cada individuo proyecte una imagen de si descontrolada o fuera de su capacidad de hacerla privada, esto es que la sociedad en la que vivimos prostituye nuestra intimidad y propia construcción psicosocial libre de cualquier interferencia fiscalizada por los patrones  heterocentristras y a día de hoy también homocentristas, impidiendo de esta manera obstaculizar, que no conseguir, el libre desarrollo de las identidades emergentes y transitadas que comienzan a desarrollarse públicamente ante una sociedad cada día más aperturista en asuntos de género, permitiéndonos así la posibilidad de hacer, de transmitir a los Mass media, y los círculos de opinión más adelantados un discurso donde nuestra propia metáfora preformativa tenga lugar en esta deconstrucción social que se está llevando a cabo. Incluso el postestructuralismo, que dejó atrás al modernismo, se ve en cierto modo criticado y validado como postulado que evoluciona para dar paso, sin olvidarlo, a una nueva teorización del poder y del lenguaje, a la  inversión de las corrientes de los grupos que están ahora abajo y de los que están arriba y de-construyendo sobre él las nuevas teorías que revolucionaran el orden social de los individuos y sus circunstancias sociales que ahora son casi desconocidas.

Haizea Caballero Ruiz

Desde que un buen día descubres que tus actitudes, maneras y forma de pensar no son hechos desviados, aberraciones provocadas por una perversión perversa en sí, perversa porque casi todo lo que te rodea te ha hecho pensar que la sociedad y las personas que la conforman sólo tienen una manera sana de existir, un limpieza y una pulcritud aunque poluta fácilmente remendada, tapada, y más tarde perdonada por los subcontratistas unilaterales de Dios. Cuando esos fariseos de toda condición social, económica y política te han enseñado a vivir pensando y sufriendo por creer que estás enferma, tu dolor solo lo conoce la almohada en forma de lágrimas, y maldices todo aquello que te rodea porque consideras injusto no poder hablar con nadie, porque cuando en la intimidad reclamas voz en grito, con desgarro y llanto roto, reclamas a alguien que te de su mano, que te escuche, sabes no hay nadie.
Pero llega un momento que te deshaces de todas tus cargas, coges lo que puedes y te vas, te marchas con lo puesto y con un compañero de viaje que se llama miedo, temor a un futuro incierto, al desarraigo de la familia, al rechazo social por comenzar a vivir como te sientes, por intentar ser feliz como tú solo sabes que puedes serlo, siendo tú misma.
Empiezas tu vida desde cero, la gente que te conocía se sorprende, los mayor parte te rechazan, incluso los que te dieron la vida y con los que la has compartido desde que naciste erráticamente , otros te dicen que eres muy valiente, pero que sabrán ellos de la valentía, yo no lo llamaría así, lo nombraría subsistencia, egoísmo propio, necesidad, desesperación, que valentía ni cuentos de paladines, eso se queda para los que dejas atrás, que a más de uno le hace falta para entendernos, quieres empezar sin que nadie te señale, exigiendo respeto y respaldo, apoyo de quien quiera dártelo por ser lo desde ahora eres, lo que siempre fuiste.
Que yo sepa los corazones son los mismos para todos o acaso los hay de diferentes colores, sabores y precios, los corazones sufren todos igual, todas las personas albergamos buenos y malos sentimientos, pero a mi juicio los buenos sólo afloran cuando tu corazón ha aprendido a sufrir, entonces intentas paliar ese dolor ofreciendo en cada momento lo mejor de tus actos, las manos tendidas a quien lo necesitan, pero eso tampoco está bien considerado, el sistema heteropatriarcal que te ha desmarcado de su club (eso creen ellos, en realidad somos nosotros los que lo abandonamos) decreta que tus actos y pensamientos están sucios y no son propios para que dirijas tus buenas intenciones sobre las personas que te rodean, buscan excusas para impregnar lo que haces y dices de maldad antinatural, de enfermedad contagiosa, desaconsejan el contacto contigo y van sumiéndote en una soledad que acabas aprendiendo a llevar.
Haizea Caballero Ruiz

 

Dejando a un lado las teorías biologicistas sobre el origen del género me centrare en algunos aspectos del mismo trabajados desde el construccionismo y su génesis como generadores de individuos.

 

El género es un constructo social, el resultado de una serie de factores y condicionantes culturales, educativos y de imitación que desde muy temprana edad van marcando al sujeto en la construcción de su identidad.

 

Foucault define el género como una representación y la construcción de esta representación como uno de los principales ejes que conformarán en un futuro las identidades entendidas como genero identitario. En nuestra sociedad la construcción  del género viene dada por una serie de condicionantes culturales y sociales muy arraigados en creencias inmovilistas que desautorizan cualquier teoría relativa a género que no sea la reproductiva. A mi juicio, los largos  siglos que nuestra cultura occidental ha estado marcada por los dictados de la Iglesia Católica donde cualquier variable posible fuera de los dos géneros (H/M) era (y es) inconcebible, en nuestra sociedad el arraigo tradicionalista religioso es aún muy fuerte y no concede licencias a la emancipación y liberación del género femenino (en cualquiera de sus realidades), el cual está limitado en atribuciones y reconocimiento por los sectores más conservadores, y mucho menos reconoce la legitimidad de otros géneros/constructos que difieran del clásico binomio hombre/mujer.

 

El género es la representación de los roles aprendidos cultural y socialmente del patrón heterocentrista, en cual la mujer tiene “derechos” solamente en el ámbito de lo privado, no pudiendo de esta manera proyectar su entelequia ni habilidades a una sociedad masculina y acusadamente necesitada de valores humanos y renovadores que la mujer puede ofrecer sin duda alguna.

 

Si al costumbrismo religioso le añadimos la aparición de los procesos industriales en el siglo XIX y de la producción masiva fruto de los mercados capitalistas, todavía se hace más latente el concepto de género femenino como agente reproductivo pero con la salvedad que se le empieza a atribuir tareas laborales fuera del ámbito de lo privado no por méritos o reconocimiento si no por un interés de demanda de mano de obra económica de unos mercados que comienzan a emerger. La mujer como generadora reproductiva de sujetos, que más tarde serán también mano de obra y la mujer en si misma como objeto productor de trabajo, es decir como capital humano según diría Marx. Es aquí donde nos relegan a un papel humillante donde se nos considera recipientes reproductivos y se nos explota laboralmente con unos derechos limitados en relación a los que disfrutan los hombres que realizan tareas similares a las nuestras. 

 

¿Por qué la representación que refleja los valores culturales y sociales actuales es tan pobre?, siendo imposible aún la construcción  de géneros flexibles y no condicionados, la importancia de que los patrones socioculturales estén desprovistos de cualquier manipulación ni artificio intencionado y mucho menos del  de los dictados del hetero y homopatriarcado, harán que la construcción de ese sujeto no evolucione en individuos masculinos o femeninos solamente, si no que dejara la puerta abierta a la aparición en escena de los individuos hasta hace poco descategorizados (sujetos transgénero, y digo sujetos puesto que estos pueden dar a su vez diferentes tipos de individuos transgénero en función de la representación que tengan como patrón y conformen su constructo). La importancia de la creación de nuevos patrones socioculturales a mano de los movimientos de liberación sexual que hacen extensible por ejemplo la familia a nuevos cánones, el amor entre personas del mismo sexo, las relaciones sentimentales más allá del 1+1, pensamientos aperturistas en lo referente a las identidades sexuales y de género. Debemos pues visibilizar nuestras condiciones sin miedos ni inhibiciones, educar en la tolerancia y la diversidad, hacer un mundo mucho más plural que al que nos han acostumbrado para que la construcción de las identidades sea rica y variada y tengan nuestros descendientes más opciones toleradas y validas como referente. En la “superestructura” social actual el género (ideología del género) tiene el deber de cumplir el papel de construir sujetos en individuos, no solo individuos hombres o individuos mujeres si no en los posibles que están conviviendo entre nosotros y que están inmersos en el anonimato y el silencio, me refiero a las antes citada identidades transgénero con toda su riqueza existencial.

 

Haizea Caballero Ruiz

TOI T’EN REVES

Al ceñir el discurso feminista la diferenciación de género exclusivamente a la diferenciación sexual el discurso adoptado por los movimientos homosexuales basado en el anterior concepto que el feminismo usa para la diferenciación, enmarca a estos movimientos de una forma involutiva en lo que se denomina “el inconsciente político”, quedando su discurso enmarcado en el mismo heteroconceptualismo o lo que es lo mismo una imagen espejo del heteropatriarcado que a partir de ahora denominaré homopatriarcado, no consiguiendo de esta manera desligarse de los discursos culturales dominantes que se dan en nuestra época actual.

La conceptualidad de relacionar diferenciación de género  a la diferenciación sexual está basada en una oposición histórica y universalizada de los sexos biológicos, empobreciendo así la propia diferenciación entre mujeres y mujeres, puesto que existen tantos género mujer como identidades femeninas no sujetas al concepto biológico exclusivo y excluyente de mujer, sino haciéndolo ampliable a cualquier sujeto sea cual sea su primigenia sexualidad genital.

El autentico problema, real y tangible, que escapa por su propio peso especifico a cualquier disertación filosófica o de pensamiento constructivista, es la ubicación sociocultural y por ende laboral de las identidades de género migrantes, es decir que transitan desde un concepto clásico de género masculino a otro femenino y viceversa, aquí está la principal cuestión, ¿por qué de un concepto clásico a otro?, ¿por qué no hacerlo cuando desterremos los conceptos clásicos y aún así actuales de género?. Mientras tanto los sujetos que transitamos deberemos divagar por el camino, repensando en nuestra identidad y como deseamos reconstruirla, hasta que llegue el momento que entre todas las corrientes del pensamiento unifiquemos valores y bases de trabajo para dejar a un lado el género como sexo biológico.

 

Haizea Caballero Ruiz.

El uso del lenguaje nos revela malintencionados giros idiomáticos que poseemos en la vertebración de nuestra sociedad y en la conciencia colectiva, pero no es aquí donde yo quiero detenerme, quiero ir más allá a la conceptualización del género y el lenguaje del género.

Para éstos efectos necesitamos, llegado éste punto, definir qué es el género. El género del que todos tenemos más referencias es del género lingüístico, es decir del uso de los morfemas masculino y femenino, la o y la a. Curiosa asociación LA O. Existe otra definición de género, el que da la Sociología del Género, esa disciplina preocupada por la excesiva masculinización del lenguaje, ésta nos lo define como  conductas de identificación sexual asociadas a miembros de una sociedad. Es decir, la Sociología del género ha manipulado, entiéndase, la entrada número dos de la definición de la RAE “Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas”.  Ante esto solo cabe preguntarse, ¿Ha incluido algún aspecto novedoso la segunda definición? O, por el contrario, ¿no deja de categorizar el mundo en dos grandes grupos?

Parece pues, que a efectos de definición no existe una que satisfaga de modo alguno, en términos de construcción de realidades y de apartamiento de la sociedad del síndrome bipolar estructuralista. La vivencia del género y sus reflexiones apuntan a una construcción social del género mediatizada por una base biológica. Por tanto, una definición debería recoger los tres grandes aspectos definitorios del género, la categorización, el aprendizaje y la base biológica del género.

Desde éste breve escrito se pretende instar a qué entre todos construyamos un lenguaje de género que nos permita definir y hablar en términos de género de la verdadera vivencia del género y abandonemos las viejas manipulaciones del lenguaje para describir un aspecto vital del ser humano: La identidad de género.

Manuel Macías Borrego.

Así como los ríos trazan con empeño y fuerza su curso a lo largo historia y el espacio, del mismo modo pareciera que sectores sociales se empeñaran en trazar las sendas de la discriminación.  Con la misma fuerza que trabaja la franja de tierra sobre la discurre el cauce, con toda su rabia y furia en el nacimiento, y lentitud pero ahínco en su senectud vital, pareciera que ciertos sectores se enfrentaran a los colectivos minoritarios cual cauce que trazar, cual tierra que limar, cual fango que aquilatar, cual roca que desmoronar.

La discriminación parece unida a la vida social del ser humano desde que éste puso el pie sobre la faz de ésta cruenta selva social en la que vivimos. Pareciera que desde tiempos inmemoriales el estigma de la diferencia nos avocara a la muerte o al engaño, a ser sacrificados o a vivir en el perpetuo teatro de la mentira y la polichinela, a dar vida a la sombra y ocultar la verdadera silueta. A dar la cruz de la vida, por miedo a qué la cara resulte en desgracia de quién tiene el poder.

Con el trascurso del caudal de la historia, los afluentes ideológicos y las corrientes de movimiento interno-social han ayudado a reconducir las aguas a derroteros menos pudrientos, dónde la luz atraviesa el agua y dónde parece posible nadar desnudos, sin miedo a los estigmas. Espejismos. La luz cristalina se torna opaca una vez más y la discriminación enturbia el agua del río claro. Nadar es difícil, sobrevivir en el torrente  imposible, ser diferente es no tener una balsa o un remo, ser diferente avoca a la muerte social.

Ciclos de luz y sombra dan vida al río. Luz y luego sombra. ¿Quién apartará mierda de la superficie de nuestro río para que la luz traspase? El movimiento de liberación de la luz, el activismo, cuenta con, a veces, los instrumentos succionadores necesarios y útiles, pero quién ensucia cuenta con poder y medios, siempre.

¿Cómo haremos para limpiar el río? ¿Cómo haremos para sobrevivir? ¿Cómo haremos para nadar? Lo que es más, cómo haremos para nadar si nos atan de pies y manos, cómo haremos para sobrevivir si nos privan del agua en el que nadar, sin agua ¿Cómo nadar?

Nada es vivir. Todos tenemos derecho a una vida digna, pero ¿Cómo tener una vida digna sin el reconocimiento de la dignidad de la vida que vivo?

Vergüenza es el sentimiento que despierta en mí que situaciones como la acontecida hoy, una mujer ha sido expulsada por la Iglesia de su cofradía por desposar  otra mujer. Triste. Sí la Iglesia no reconoce los matrimonios homosexuales para celebrarlos, ¿Porqué los reconoce para discriminar? Vergüenza.

Manuel Macías Borrego.

Las medidas de no discriminación en relación a la mujer se significan y justifican sociopoliticamente en reglas no discriminatorias hacia la población masculina, utilizando prácticamente un reparto aritmético de recursos (ley de paridad, conciliación de vida social y laboral, permisos de paternidad….). la necesidad de adopción de protocolos de discriminación negativa no entendiéndola como penalización, pero si como una disminución de los derechos masculinos otorgados desde la líneas conductistas heteropatriarcales (y también homo patriarcales)  y el empoderamiento histórico del pensamiento fálico como único productor valido de identidades, como sujeto que interpela socialmente, siendo lo social atravesado hacia lo político por el poder (y en consecuencia dueño de los órganos legislativos, ejecutivos, judiciales, garantes inamovibles del constructo identitario), productor de teorías del conocimiento, de patrimonio, de recursos, y a su vez administrador de sus objetos auto otorgados.

 

Las políticas de las administraciones y gobiernos deben afrontar sin temor líneas de concienciación dirigidas al universo masculino donde se les haga comprender que durante siglos han coartado sistemáticamente el libre desarrollo del pensamiento, facultades y habilidades femeninas, y que las medidas a llevar acabo desde los diferentes estamentos sociales hacia la mujer han de tener un carácter de acción positiva con una duración determinada en el tiempo, no perpetuando el empoderamiento femenino para no invertir el proceso histórico discriminatorio.

 

Desde posiciones radicalmente femeninas y feministas debemos reivindicar una cuota de representación en los órganos de gobierno de Administraciones y empresas desmesuradamente más alta que la masculina, restringiendo así los derechos solamente legitimizados desde y para el hetero homo patriarcado adquiridos a través de la historia.

 

Haizea Caballero Ruiz

Aproximaciones equidistantes desde la heteronormatividad y los llamados movimientos de liberación homosexual al transgenerismo generan lecturas y teorías radicalmente opuestas la una de la otra pero de ninguna manera coincidente con los verdaderos fundamentos de las teorías de género. Desde la posición heteronormativa la transexualidad es directamente considerada como una especie de caricatura o esperpento, el deseo de ser una imagen de nuestros vicios o desviaciones, el no reconocimiento por su parte de tránsitos identitarios, considerando el género desde una posición inmovilista, nos desprovee de autoridad por falta de referentes reconocidos desde su norma de funciones biológicas propias al sexo biológico natal, condiciones anatómicas, reproducción de la especie y relación hombre-mujer. Desde los movimiento de gays y lesbianas es acogida sin aparente rechazo aunque determinando su discurso desde las posiciones de orientación sexual y se considera como un nuevo potencial algo que realmente ya existía.

 

La lenta y dura lucha social y política de las identidades transitadas amen de no heterosexuales y no reproductivas han dado paso a un debate social y un estudio cada día más profundo sobre el transgenerismo, que en su seno adopta incluso las identidades hibridas o ambiguas, las flexibles o conductistas en función de las parafilias del individuo, aun así estamos muy lejos de desterrar la cultura heteropatriarcal en cual se han nutrido todos los ordenes sociales, políticos, académicos, jurídicos, etc. desde que la iglesia fue estado.

 

Se deben abrir espacios para el debate siempre contando con los apoyos que se nos brindan desde asociaciones homosexuales y no homosexuales, pero el estrecho espacio de maniobra política que podemos ir trabajando nos obliga a definir nuestro transgenerismo como posiciones radicales sin opción a cesión ni perdida de derecho y reivindicación alguna.

 

No estamos reinventando nuestro género mas bien estamos implosionando (cuando digo implosionar me refiero a interiorizar con fuerza algo que en determinados actos, situaciones o ambientes exteriorizamos , pero que no hacemos habitualmente por ser conductas no aceptadas) nuestro propio y real constructo identitario hacia la intimidad de nuestro raciocinio y simultáneamente desproveyéndonos de los roles asignados por sociedad y la norma heterosexista, para una posterior auto asunción de nuestra verdadera identidad y del transito que nos depara socialmente y la problemática discriminatoria que a cualquier nivel se nos presentará a buen seguro.

 

El único lenguaje social y foro de discusión  posible hasta ahora eran el silencio o el menosprecio dogmatizado, se nos plantea una tarea de reubicación de las corrientes de pensamiento, de las maneras de hacer política y socializar, debemos dar a entender a la sociedad que lo que están comenzando a ver no es un capricho de nuestra elección si no un estado con el que convivimos e incluso morimos siempre. Hemos sobrevivido a la negación generalizada y esto comienza a ser corriente de trabajo y fuente de interés para movimientos que han consumido sus reivindicaciones.

 

Haizea Caballero Ruiz

 

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Manuel Velandia Mora
investigadormanuelvelandia@gmail.com
España 28/11/07
 

La construcción conceptual en el tema de las identidades sexuales ha tenido que ocuparse de la gran diversidad de sexualidades que existen, sin embargo, al discurso sexológico oficial y lineal positivista, le ha sido muy difícil asumir la movilidad en la identidad sexual de las personas, tal vez por ello los homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales, queers y demás interesados/as en las sexualidades hemos tenido que apoyar-nos en nuestros propias vivencias y emociones para aproximarnos a construcciones teóricas en las que todos, todas y todes quepamos, rompiendo así con nuestra propia auto y helero exclusión.

El texto que ahora presento, es una aproximación a la definición conceptual de las nuevas sexualidades, partiendo del criterio de que no es que hasta ahora existan sino que son tan presentes en la historia como la humanidad misma, pero que el estatus quo se ha negado a aceptar dicha diversidad por cuanto el deber ser de la sexualidad se restringe a las posibilidades sexo-genitales que se orientan a la procreación, negando toda posibilidad que se asuma transgresora de dicho fin, que se ha entendido como la gran misión humana.

La identidad puede entenderse como la emergencia de una construcción, no siempre consciente, que afecta los procesos de socialización del sujeto; la identidad emerge de la vida cotidiana, mas específicamente de la educación (formal, no formal e informal) que provee a la personas los referentes del “deber ser” de la identidad, dichos referentes están basados en la cultura, son propios de una sociedad y tiempo determinados, y están afectados por los procesos de interrelación e interdependencia del individuo (Velandia, 2006. P. 302). La identidad no es fija sino móvil, la movilidad de la identidad, sistémicamente hablando, hace referencia a la posibilidad que existe de que la identidad cambie en el tiempo, a partir de las relaciones sociales y por inter-influencia con el medio, la cultura y la sociedad.

Toda persona tiene un proceso de construcción de identidad con relación a su cuerpo, su género y su orientación sexual (Velandia, 2005). Cuando un bebé nace los padres y el equipo de salud o la comadrona (a quienes llamaremos “el otro”) le asignan un sexo y un género. Si tiene un pene “el otro” le asigna macho y masculino, si posee una vulva entonces le asigna ser hembra y femenina; con los desarrollos sociales y culturales y de sus relaciones interpersonales la persona se construye hombre o mujer.

A ese proceso de asignar lo denominaremos “dar un significante”. Algunos bebés al nacer presentan ciertos defectos en los genitales externos, que a los ojos de la sociedad les otorga un nivel de ambigüedad (intersexualidad) que dificulta a los ojos del observador (el otro), la “asignación de un sexo” porque entiende que algunos componentes del sexo biológico no concuerdan con lo que el experto conoce como lo que ese cuerpo “debe ser”. El “otro” espera que a un sexo asignado corresponda el género correspondiente, y a este le llamamos “género por asignación”.

Las personas comienzan su construcción identitaria siendo bebés a los que “el otro” les da un “significante”; pero a dicho significante cada uno/a (padre, madre y la persona misma, al estar en condiciones de hacerlo) da su consentimiento o no, lo acepta o no y le provee su propio “significado”.

El género es una noción, una construcción social y cultural sobre lo que “debe ser” y como debe comportarse una persona, pero el género es especialmente una construcción particular, a partir de la cual la persona asume una manera de actuar a la que se llama “rol de género”; generalmente, se espera que dicho rol acompañe en su actuación a un cuerpo que se le corresponde; es decir, por ejemplo, a un cuerpo de macho le correspondería un rol masculino.

Algunas personas pueden experimentar una situación a la que se denomina “disforia de género en ellas su rol, su actuar, su performance del género no está en consonancia con su cuerpo: asumen una performance femenina a pesar de que su cuerpo es o se asigna masculino o una performance masculina aun cuando su cuerpo es o sea asignado de hembra. En este caso podemos decir que la persona ha abandonado su “género por asignación” y ha asumido un “género por opción”.

No todas las personas (intersexuales o no) asumen un rol de género diferente a su “género por asignación”, a quienes asumen un “género por opción” se les denomina “transgeneristas” en Colombia y “transgéneros” en el resto del mundo.

Las personas transgéneros acompañan el rol de género optado con los accesorios, vestidos y maquillajes (cuando ello se considera culturalmente necesario) propios del género al que han “transitado”. Puede presentarse entonces personas que vivencian un “tránsito identitario de la masculinidad a la feminidad” (Velandia, 2006. P. 305) y otras que experiencian un “tránsito identitario de la feminidad a la masculinidad”.

A los hombres que asumen por momentos o permanentemente los accesorios, vestidos y maquillajes propios del género femenino pero que éste no es su género por opción, y esto es una expresión comportamental sexual que les produce placer y en consecuencia lo asumen como parte de su identidad sexual se les denomina “transvestis”.

Sexológicamente hablando, no hay un nombre para denominar a las mujeres que asumen los accesorios y vestidos masculinos; esto se debe a que el poder de la masculinidad es tal que se considera social y culturalmente aceptable que toda mujer aspire y asuma ciertos elementos representativos de quien ostenta el poder: el macho, masculino, machista y falocrático. Sin embargo, en algunos países como España se

aplica el termino transvesti también para las mujeres.

Todo transgénero que ha transitado identitariamente de la masculinidad a la feminidad (o de la feminidad a la masculinidad, es transvesti -si partimos del criterio español-), pero no todo/a transvesti es transgénero. Un hombre transexual es aquella persona que pertenece psíquicamente al género masculino como su género optado, a pesar de haber nacido con anatomía de mujer.

Una mujer transexual es aquella persona que pertenece psíquicamente al género femenino como su género optado, a pesar de haber nacido con anatomía de hombre. Una persona transexual no desea los caracteres del sexo con el que ha nacido sino que le apetece un cuerpo que sea acorde con su género optado. Se es transexual así la persona quirúrgicamente, con aplicación de hormonas y/o con trucos o rellenos, transforme o no su cuerpo, para aproximarlo al cuerpo deseado.

En el proceso de construcción de identidad sexual las personas también determinan a la(s) persona(s) con quien(es) desea(n) realizar sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad; a este proceso de construcción identitaria se le denomina de “identidad de orientación sexual (Velandia, 1999)”.

Se denomina orientación sexual homosexual a la de un hombre (biológico, optado o transformado) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad hacia otro hombre biológico, optado o transformado. Se denomina orientación sexual lesbiana o lésbica a la de una mujer (biológica, optada o transformada) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad hacia otra mujer biológica, optada o transformada.

La palabra homosexual proviene del griego homo y significa igual de tal manera que pudiera decirse que homosexual es quien tiene una relación con una persona del mismo sexo, políticamente las mujeres en algunos lugares del mundo, entre ellos Colombia, prefieren usar el término lesbiana.

El termino gay, aceptado por la Academia española de la lengua, es un adjetivo, perteneciente o relativo a la homosexualidad; generalmente es usado también para diferencias a un homosexual militante y políticamente activo miembro de una organización que lucha por los derechos de las minorías sexuales. Marica, proveniente de María, resalta de forma peyorativa, discriminatoria y despectiva lo femenino de los homosexuales; es un termino que se utiliza por algunos gay con toda intención política a pesar de lo denostado que es su uso en los heterosexuales.

Se designa como queer a un homosexual radical que huye en la construcción de su identidad de las clasificaciones sexológicas haciendo afirmación de su unicidad como también de su excentricidad, replanteándose radicalmente los modelos de subjetividad lineal positivista socialmente aceptados.

Se designa orientación sexual bisexual a la de una mujer o un hombre (biológica/o u optada/o) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad tanto hacia hombres como mujeres biológicas/os, transformados/as u optados/as. Se denomina orientación sexual heterosexual a la de una persona (biológica, optada o transformada) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad únicamente hacia otra del otro sexo, ya sea este biológico, optado o transformado.

Se suele creer que todos los transvestis son homosexuales pero el número de transvestis heterosexuales es mucho mayor. La actividad laboral no es un elemento propio de la identidad sexual, de ahí que trabajos como el sexual u oficios como el transformismo y/o performarse drag queen o drag king no hacen parte de la identidad sexual, sino a la identidad de oficio. Se les denomina “transformistas” a los hombres que asumen por momentos los accesorios, vestidos y maquillajes propios del género femenino pero que éste lo hacen como parte de una actividad artística.

El proceso de construcción identitaria es tan único y particular como los/las/les sujetos/sujetes/sujetas que construyen su sexualidad, dicha unicidad y particularidad dificulta las relaciones sociales de convivencia entre los seres humanos por cuanto en las diferentes identidades existen elementos en común pero igualmente muchas particularidades que hacen que aquellos que se asumen o son asumidos como grupo, por ejemplo las personas trans, los homosexuales, las lesbianas o los bisexuales presenten grandes variaciones las unas con las otras, incluso entre quienes han asumido procesos identitarios que se consideran, desde una generalización que permite la organización social y política, como similares.

Reconocerse único e irrepetible es supremamente importante en la construcción y reconocimiento de la identidad sexual particular pero reconocer-se miembro de una comunidad es supremamente importante para la transformación social, cultural y política y el reconocimiento social de nuestras identidades.

El reconocimiento implica re-conocer al otro en su particularidad y unicidad y en aquellos elementos identitarios en los que confluimos y nos separamos, pero también involucra reconocer las construcciones teóricas, vivénciales y emocionales en las que los otros y nosotros mismos nos movemos, como una manera de poder acompañar-se en el proceso de la construcción de la convivencia solidaria y demostrativa que todos/todes/todas buscamos.

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Queremos denunciar desde los movimientos reivindicativos de transexuales, gays, lesbianas y feministas el constante acoso y discriminación social, laboral y por ende existencial  a la que nos someten diariamente y sin descanso los sectores políticos más rancios y con ellos el eclesiástico, los cuales desde posturas arcaicas y a la vez económicamente clasistas, nos obligan a un sistema de mercado capitalista, un sistema que necesita retroalimentarse de tejido productivo, de mano de obra tonta, de personas que pierden su capacidad como individuos para dejar su sangre y sudor a las grandes empresas que controlan nuestras vidas, que explotan nuestro trabajo y nuestra vida privada como si no tuviera valor alguno.

Para ellos no somos parte de ese binomio errático hombre-mujer, que produce (engendra) individuos para formar después ese tejido laboral opresivo que tantos beneficios sociales y dinerarios les aporta.

Esa Iglesia que vive de los réditos de sus apoyos a los sectores mas conservadores de la política, esa Iglesia que esta llena de pecados que ellos mismos esconden, abundante patrimonio material e histórico, fruto de las vidas de sus esclavos, desde que la Iglesia es Estado, que manipula voluntades y actos en beneficio de un Dios del cual se creen únicos representantes e intermediarios.

Desde el Opus Dei, desde la Conferencia Episcopal, de mano del PP, que se tienden mutuamente las manos, que se erigen defensores de la familia tradicional, pero lo tradicional para ellos es, “dame hijos, yo te los educo que mas tarde trabajaran para mí”, para hacer mas grande su poder y el de quienes le respaldan.

 

Tantos años nos educaron en colegios religiosos, tenían tiempo, no tenían que trabajar para comer, y los sacerdotes estudiaron los rígidos patrones de la Iglesia para después inculcárnoslos nos gustara o no con sangre y lagrimas, pero era su trabajo, la Iglesia y los poderes fácticos así lo tenían planeado. Donde grandes dirigentes políticos se formaron en seminarios afamados y bajaron a hacer política a los valles de nuestro país con el catecismo hipócrita bajo el brazo, para continuar su labor de emisarios de la santa madre Iglesia, para privar de la verdadera libertad de pensamiento, sexualidad y vida a las personas de la calle, a todos nosotros y nosotras.

 

Apoyamos un laicismo total en la vida publica, para que esas cosa no vuelvan a pasar, para que las interferencias del integrismo católico no agredan el crecimiento libre  e identitario de nuestros hijos, un estado laico de verdad donde quienes no han hecho otra cosa que educar lo sigan haciendo pero sólo a aquellas personas que libremente así lo decidan, libertad de elección, donde instituciones y administraciones se vean desproveídas de conceptos  machistas, donde el heteropatriarcado no exista, donde podamos cambiarlo por un concepto de vida y existencia mas libre y tolerante, donde la mujer y los colectivos que disiden de la “norma” por motivos de sexo, género o religión realmente tengan los derechos que les corresponden, los mismos que se les han negado hasta hace poco.

En fin, un arduo trabajo social que demanda de apoyos desde la izquierda política, desde sectores progresistas de la sociedad, desde los mercados de comercio justo, desde los medios de comunicación, desde esa otra Iglesia que no comulga con el Estado Vaticano, desde el pensamiento libre y el gnosticismo, desde donde se nos pueda ayudar aportando trabajo e ideas que sienten las normas de unos postulados libres para hacer a las personas libres, individuos con raciocinio propio y no normativizado.

 

Haizea Caballero Ruiz

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Cuando la igualdad es un principio de justicia normativizado, cuando la igualdad tan recurrida y recurrente esta cimentada sobre conceptos clásicos, cuando los iguales disfrutan de ella, y solo ellos lo pueden hacer dado que ostentando el poder así se definen, como iguales, ¿quién les otorga esa licencia de definirse como justos?, como grupo dominante (léase varones, blancos y con recursos), esa potestad se la ha dado el lenguaje, un discurso performativo, un discurso donde ellos interpelan al sujeto positivamente o negativamente en función de si es igual a ellos o no, el sujeto es performativo y a través del lenguaje, se establecen unas relaciones de poder y una sujeción del individuo que es perfomado inferiormente a ellos (sujetos con poder).

 

Cuando La Iglesia, recordemos los tiempos del medioevo, entonces eran amen de religiosos eran políticos, guerreros y ambiciosos, los condotieri italianos, los nobles medievales en general rendían sus huestes a candidatos a papas, pero a pontífices con Biblia y espada, en espera de ocupar el poder máximo eclesiástico en Roma, entonces cuando esta Iglesia tuvo acceso al poder y ya habiendo adoptado entre otras la filosofía de aristotélica, entonces determinan quienes son iguales y quienes desiguales, .igualdad para los iguales y desigualdad para los desiguales. (Aristóteles, Política libro 2). Hoy en el siglo XXI aun teniendo un estado laico, la fuerza de los postulados de la Iglesia se mantiene arraigados con fuerza en la sociedad y determinados estamentos políticos, ¿Cómo lograr la igualdad social para las personas con identidad de género diferente a la norma?    

 

La Justicia no se desprende en sus corrientes mas clásicas y actuales tampoco de estos inconvenientes, en fundamento la Justicia no debiera de tener género, pero en realidad lo tiene y como todo y para desgracia de la sociedad es masculino y fálico. ¿Cómo lograremos igualdad (justicia) justa para nuestro colectivo?, podemos intentarlo desde la discriminación positiva, pero hay quien dice que es una discriminación discriminatoria (Platón, igualdad como concepto proporcional, es decir aritmético),

 

¿y si probamos con la acción positiva?, si ésta se aplica desde el poder normativo y laico de la Administración y está orientada a la discriminación intergrupal, desde este camino podemos intentar que el colectivo de personas transexuales dispongamos de alguna norma justa, siempre insisto aplicada desde la justicia Administrativa, de, llamémosle generalizando, una .discriminación positiva.

Haizea Caballero.

 

 

Huelga a estas alturas describir la transexualidad y el proceso por el cual llegamos a construirnos socialmente, aun así, la construcción social de los individuos sean o no transexuales, se basa en el conjunto de acciones externas e internas que van conformando las identidades del sujeto, bien por costumbrismo como legado y herencia tradicional en los dictados sociales o bien por interpelaciones (locuciones y actitudes del comportamiento)  más o menos ancladas en ese tradicionalismo socio cultural, las interpelaciones que editan nuestras identidades deberán siempre o casi siempre estar emitidas por entidades o particulares con asignación de poder, de esta manera se nos irá construyendo bajo los auspicios de la norma, tan movida en estos últimos tiempos, por suerte para las personas que la transgredimos, como única herramienta para poder generarnos a sazón de nuestra verdadera identidad psíquica.

 

En este momento las acciones para la normalización del estatus social de las personas transexuales vienen jalonadas por dos factores fundamentales que avalaran el proceso integrador, uno es el periodo formativo, y el otro son los garantes que deberán tutelar la contratación laboral después del periodo formativo. Los cuales estarán  avalados siempre por instituciones y administraciones.

 

Para que los procesos formativos tengan validez y reúnan las condiciones necesarias que determinen su utilidad como precursores de un empleo digno, deben ser necesariamente negociados y supervisados por los agentes sociales y administraciones que gestionan la formación en los diversos cursos y talleres que se imparten como primer escalón en la búsqueda de empleo. Por todo lo citado anteriormente en esa negociación que deberemos llevar acabo trataremos la inclusión de las personas transexuales en los cursos y talleres desde la perspectiva de la “positive action” o acción positiva, teoría que desarrollaré más adelante con brevedad, solo desde aquí conseguiremos que nuestras demandas sean atendidas desde una perspectiva de carácter necesario, es decir la movilización urgente de los recursos de los que dispone el actual sistema de formación de los sindicatos, administraciones, etc. para paliar las injustas diferencias discriminatorias a las que hemos sido sometidas en materia de educación las personas transexuales.

 

Como final del proceso integrador deberemos también negociar la futura contratación laboral por periodos determinados y con garantías de calidad, por parte de las instituciones, bien sea en sus propia marco laboral como resultado de una satisfactoria formación que dará éxito al conjunto de procesos que se han llevado acabo bajo la tutela de los sindicatos o diferentes gobiernos, municipales, autonómicos o nacionales. Otro medio para lograr la contratación sería el del concierto con empresas de carácter social en el que mediarán también los agentes sociales e instituciones públicas, estas empresas que se acogen al modelo de producción bajo la denominada “responsabilidad social empresarial” tiene la obligación moral y contractual de contratar a personas en riesgo de exclusión laboral y por consiguiente social.

 

Haizea Caballero Ruiz